Un medicamento reduce las tasas de rechazo del trasplante de riñón
healtDay a domingo 12 de noviembre de 2006
La mayoría de los pacientes con trasplantes de riñón tienen que someterse a lo que se conoce como "terapia de inducción" para suprimir su sistema inmunológico y reducir la probabilidad de rechazo del nuevo órgano.
Un nuevo estudio halló que un medicamento, la globulina antitimocito de conejo (nombre de marca Thymoglobulin) era más efectivo en la reducción del riesgo de rechazo agudo que un medicamento conocido comúnmente como basiliximab. El 15.6 por ciento del grupo con timoglobulina experimentó un rechazo agudo frente al 25.5 por ciento del grupo que recibió basiliximab.
"Las tasas tanto de los rechazos agudos como de la intensidad del rechazo agudo fueron más bajas", aseguró el autor principal del estudio, el Dr. Daniel Brennan, director de nefrología y trasplante en el Hospital Barnes-Jewish y profesor de medicina en la Facultad de medicina de la Universidad de Washington en St. Louis.
"Puede que no suene como una gran diferencia, pero es muy importante. Una onza de prevención equivale a una libra de cura. Mientras mayor sea el rechazo, más tratamiento se necesitará y, por lo general, peor será el resultado del trasplante a largo plazo", explicó.
Los resultados del estudio, que contó con la financiación del fabricante de la timoglobulina, Genzyme, aparecen en la edición del 9 de noviembre del New England Journal of Medicine.
La terapia de inducción empieza justo en el día que la persona recibe su trasplante de riñón y continúa durante varios días después. El objetivo de la terapia de inducción es suprimir el sistema inmunológico de forma que no reconozca al nuevo órgano como un tejido extraño. El rechazo ocurre cuando el sistema inmunológico del paciente advierte la presencia del tejido extraño y empieza a atacarlo.
Sin embargo, debe mantenerse un delicado balance, porque si los médicos suprimen demasiado el sistema inmunológico, pueden aparecer infecciones serias.
Para el nuevo estudio, 278 pacientes con trasplante de riñón de alto riesgo fueron asignados de manera aleatoria para recibir timoglobulina (141 pacientes) o basiliximab (137) para su terapia de inducción. El grupo asignado a la timoglobulina recibió 1.5 miligramos por kilogramo de peso corporal todos los días, mientras que los asignados al basiliximab recibieron 20 miligramos diariamente. Ambos grupos recibieron el tratamiento a partir del mismo día del trasplante y hasta 4 días después. También recibieron otros medicamentos inmunosupresores.
De acuerdo con el estudio, "el diseño, la recopilación de datos y el análisis estuvieron a cargo del patrocinador, Genzyme", y esos datos fueron entonces revisados y verificados por los autores del estudio.
El periodo de seguimiento del estudio duró 12 meses.
Durante ese tiempo, el 15.6 por ciento del grupo que recibió timoglobulina y el 25.5 por ciento del grupo con basiliximab experimentaron un rechazo agudo. En algunos casos, el rechazo fue lo suficientemente grave como para precisar tratamiento adicional con timoglobulina, en ambos grupos. Pero la incidencia del rechazo grave fue más baja en el grupo que empezó con timoglobulina, 1.4 por ciento frente al 8 por ciento del grupo con basiliximab.
No hubo diferencias significativas en la incidencia de la función retardada del implante, que es el tiempo que tarda el nuevo riñón en empezar a trabajar de manera correcta, o en la pérdida del órgano implantado o muerte, de acuerdo con el estudio.
Hubo un mayor riesgo de infección en el grupo con timoglobulina, 85.8 por ciento en comparación con el 75.2 por ciento para el grupo con basiliximab. Pero hubo una tasa mucho menor de la grave infección con el citomegalovirus para los que tomaron timoglobulina, 7.8 por ciento versus 17.5 por ciento para las personas que tomaron basiliximab.
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