Consiste en mantenerse tan activo como el dolor permita, haciendo una vida lo más normal posible durante el episodio doloroso.
Todos los estudios científicos realizados demuestran que mantener el mayor grado de actividad que el dolor permite es eficaz para acortar la duración del dolor, acortar y mejorar la limitación de la actividad diaria y reducir el absentismo laboral.
Ninguno.
Las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible coinciden en señalar que hay que mantenerse tan activo como sea posible durante el episodio doloroso, y evitar el reposo.
Acortar la duración del dolor, disminuir la limitación de la actividad durante las crisis, disminuir el riesgo de cronificación del dolor.
Mantener el máximo grado de actividad puede mejorar la evolución de los pacientes con dolor de espalda por varios mecanismos:
- <li<Hay estudios que demuestran que por un mecanismo reflejo, el movimiento tiende a relajar la musculatura. Por ejemplo, se ha demostrado que el estiramiento de la membrana que rodea la articulación facetaria provoca la relajación de la musculatura de la espalda. Así se explicaría que mantener el mayor grado de actividad posible evite o mejore la contractura muscular y, a la inversa, que mantener posturas rígidas o constantes -por ejemplo, en la cama- facilite la aparición o persistencia de la contractura muscular. <li>Hay estudios que demuestran que el tono muscular se pierde con rapidez. Incluso después de un reposo tan breve como 4 días, el tono muscular ya puede disminuir. Eso explicaría que los pacientes que hacen reposo tarden más en recuperarse y poder llevar una vida normal que aquellos que no lo hacen.
- Hay estudios que demuestran que en los sujetos predispuestos por factores psicológicos o sociales, la limitación de la actividad potencia el miedo al dolor y establece un círculo vicioso, que aumenta el riesgo de que el dolor dure más y de que reaparezca. Mantener el mayor grado de actividad posible disminuye el riesgo de que este círculo vicioso se establezca.