Disminuir la
inflamación que complica la mayoría de los dolores de espalda.
Cuando se toma un antiinflamatorio no esteroideo por vía general -por ejemplo, por vía oral, en supositorio o en inyección intramuscular-, pasa a la sangre y se reparte por todo el organismo. La parte que a través de la sangre llega a las estructuras implicadas del dolor de espalda, pueden mejorarlo. Pero el resto es inútil y puede generar efectos secundarios.
Los efectos secundarios son específicos de cada tipo de
fármaco y se detallan en sus prospectos. Los efectos secundarios más frecuentes de los
antiinflamatorios son la lesión del tubo digestivo -que puede variar desde el simple ardor de estómago hasta el desencadenamiento de un sangrado por úlcera- y, menos frecuentemente, la lesión del riñón.
Cuanto mayor sea el tiempo durante el que use un fármaco, menor suele ser su eficacia y mayor el riesgo de que aparezcan efectos secundarios, por lo que es importante evitar la auto-medicación y tomarlos estrictamente según la prescripción del médico.
Por otra parte, nunca debe usar aquellos fármacos a los que tenga riesgo de ser alérgico o un médico haya contraindicado en su caso. Hacerlo podría llegar a provocar la muerte.
Se recomienda el uso de
antiinflamatorios en las fases de mayor dolor; o en las
crisis agudas o en las exacerbaciones de los casos crónicos, con el fin de mejorar la intensidad de los síntomas. Son los fármacos más habitualmente utilizados con este fin.
En general, y salvo excepciones, para disminuir el riesgo de efectos secundarios se recomienda no usarlos más de 14 días seguidos.
La
inflamación aparece a consecuencia de la liberación de distintas moléculas, que interaccionan entre sí. Los
antiinflamatorios no esteroideos actúan esencialmente dificultando su fabricación o liberación. La mayor parte de ellos actúan dificultando la fabricación o liberación de prostaglandinas, siendo éstas unas de las sustancias implicadas en la puesta en marcha de la inflamación.
Existen estudios científicos que demuestran la eficacia de los
antiinflamatorios no esteroideos para reducir el dolor y la limitación de la movilidad que caracteriza los episodios agudos de dolor de espalda. Las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible señalan que aunque frecuentemente se dan conjuntamente con relajantes musculares, no está demostrado que su asociación obtenga mejor efecto que el que obtienen de forma aislada.
Las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible reconocen la eficacia de los
antiinflamatorios para mejorar el dolor de espalda y determinan que los distintos tipos de
antiinflamatorios no esteroideos tienen una eficacia muy similar entre sí y que son más eficaces para tratar el dolor de espalda que el dolor irradiado a la pierna o brazo.