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Ludopatía: adicción al juego y consecuencias

Reuters a miércoles 06 de diciembre de 2006

Ludopatía: adicción al juego Las personas que no pueden controlar su adicción al juego tienen más riesgo de padecer enfermedades físicas, según mostró un estudio. Investigadores hallaron que entre más de 43.000 estadounidenses que participaron en una encuesta nacional, los adictos al juego tenían tasas más altas de enfermedad hepática, hipertensión, frecuencia cardíaca alta y angina, que es el dolor de pecho que provocan los taponamientos de las arterias coronarias. Aunque la adicción al juego suele coincidir con el abuso de drogas, la ansiedad y otros trastornos mentales, este estudio es el primero en relacionarla con condiciones médicas específicas.

A partir de los resultados no hay forma de decir si los problemas de salud física tienen origen en la ludopatía, dijo la doctora Nancy M. Petry, autora del estudio.

Pero la investigación muestra que los problemas de los jugadores van más allá de los inconvenientes financieros y mentales hasta influir en la salud física, señaló Petry, profesora de Psiquiatría del Centro de Salud de la University of Connecticut, en Farmington.

El equipo dirigido por Petry publicó los resultados en la revista Psychosomatic Medicine.

A partir de los datos de una encuesta nacional sobre la prevalencia de los trastornos psiquiátricos en Estados Unidos, los investigadores hallaron que los jugadores patológicos eran dos veces más propensos que el resto a tener angina de pecho y casi tres veces más propensos a padecer enfermedad hepática.

También tenían el doble de probabilidades de sufrir taquicardia, es decir latidos excesivamente rápidos.

Esos participantes tenían más riesgo de desarrollar ese tipo de problemas, incluso tras considerar otros desórdenes, como el alcoholismo y los trastornos mentales.

El juego patológico es un trastorno psiquiátrico cuando una persona reúne al menos 5 de 10 criterios diagnósticos, como la preocupación por el juego, la necesidad de hacer apuestas mayores para excitarse y mentirle a la familia para ocultar su adicción.

Menos del 0,5 por ciento de los 43.093 estadounidenses participantes en la encuesta cumplían con esa definición. Otro 1 por ciento reunía algunos de los criterios de la adicción al juego y fueron considerados jugadores "con problemas".

El equipo halló que esos apostadores tenían además más problemas clínicos y mayor riesgo de hipertensión, angina y cirrosis hepática que los no jugadores.

Según Petry, el alcoholismo, el tabaquismo y los trastornos mentales no explican por completo los riesgos para la salud física en ese grupo, lo que sugiere que existe algo en el juego que provoca el daño.

El estrés crónico, el sedentarismo y la alta exposición al humo del cigarrillo de personas fumadoras son algunos de los factores que podrían influir, opinó el equipo.

"Esperamos que esto le haga repensar a la gente sobre el juego legalizado", dijo Petry. Al final, los resultados demuestran que los jugadores con problemas suelen tener enfermedades físicas graves que exigen tratamiento, sostuvo la autora.

Sin embargo, pocos médicos, y hasta psicólogos, les preguntan a los pacientes sobre sus hábitos de juego.

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